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Historia No 2 | El Capo de las Tablas

  • Foto del escritor: Miguel Angel Sierra 2
    Miguel Angel Sierra 2
  • 19 nov 2021
  • 4 min de lectura

El Momento:

Imagen 3: Fotografía “El Capo del Madero”

Autor: Guttyblinker

Cámara: Nikon D3400


Fui contratado para hacer el registro fotográfico de una carrera recreativa que patrocina la empresa donde trabajan mis hermanos. Para la etapa del sábado marzo 13 del 2020, desde la camioneta del gerente de la compañía, hacia la captura de los corredores. El evento fue muy interesante, alrededor de 60 participantes y mucha competitividad. Al revisar los archivos fotográficos, hubo una toma que me llamó la atención. Justo cuando el pelotón de ciclistas había recorrido su primer kilómetro, un anciano apareció delante de ellos, pardo en la mitad de la carretera. La fotografía enfoca a los corredores en la parte de atrás, con sus uniformes fast dry y sus bicicletas de competencia; y en frente de ellos, desenfocado con su vieja bicicleta púrpura, saco de paño y jean, el anciano ajusta las vigas de madera que transporta a quien sabe donde.

La Historia:


Imagen 4 : Obra: “El Capo de las Tablas”

Autor: MAS2Gutty | Formato: Acrílico + Óleo / Madera | 90 x 60 cms.


Las puntillas suenan en su caja, cada vez que voy sobre un bache.
La dirección se hace pesada y se tambalea con el fuerte pedaleo.

Llevo conmigo las tablas de pino y roble.
Que hoy fui a comprar, al viejo aserradero.
Me pregunto qué es lo viejo?
Con sierras digitales allí hacen el corte.
Y en mi casa a puro pulso yo serrucho.
Dónde está mi serrucho?.

A las 8 de la mañana salí.
Tome las medidas que necesitaba.
Un paral de 2 metros y sus laterales.
El tinto estaba caliente en la oyeta.
Me serví un pocillo con mogolla.

Eran las 8:40 y acomode la bicicleta en la columna.
Hector estaba cargando el camión con columnas de tres  y cuatro metros.
Un Volkswagen Worker, con transmisión pesada y aire acondicionado.
Su papá y yo, jugábamos tejo en la época de su primer dodge 600.
Jairo hizo dinero acarreando madera, caña, papa y obreros.

Después de unos saludos, hice mi pedido.
Había anotado, puntillas, armellas y las tres piezas de madera en la libreta.
Estoy dudando si eran de una o dos pulgadas las puntillas en caja.
A la media hora, el empleado ha traído los cortes que necesitaba.
Amarro la carga, maleta al hombro y que la virgen los bendiga.

Las puntillas suenan en su caja, cada vez que voy sobre un bache.
La dirección se hace pesada y  se tambalea con el fuerte pedaleo.

Al fin salí después de más de una hora.
Tengo que apurar a llegar y trabajan antes de la hora del almuerzo.
Con mi pie en el pedal cojo impulso y me subo de un solo brinco.
Iba a mitad del camino, tras cruzar el puente se me soltó el nudo.
Preciso, cuando paró y me bajo, pasa un pelotón bien majo.

Llevo conmigo las tablas de pino y roble.
Que hoy fui a comprar la viejo aserradero.
Me pregunto qué es lo viejo.
Sus bicicletas pesan menos que mi martillo.
Y mi burra la ando con piñon fijo.
Dónde está mi bocadillo??

A las 10:30 seguí.
Después de amarrar todo bien.
Ande 6 kilómetros del camino.
Así hasta llegar a la cuesta.
Y pasé a dos que iban en el grupo.

Casi eran las las 11 y me desvíe por el camellón
Tras pasar por las haciendas de don Juan y doña Gladys , llegué a la casa.
Mi señora estaba trapeando el corredor de sus violetas y orquídeas.
Me acuerdo que yo solía trabajar con su papá cuando tenía 20.
Cargaba las cantinas de la leche y ella timidamente me traia el tinto.

Descargue las tablas, he hice los cortes.
Rápidamente comencé a armar, antes de la una tiene que estar la nueva repisa.
Tengo que poner los soportes para los juguetes y el computador de mi nieto.
Y arriba va la vajilla, las carpetas y el trofeo de mi difunto hermano Gregorio.
El premio que él ganó cuando juntos competimos en la clásica

Mi hermano siempre fue muy inquieto, desde pequeños apostamos.
Al fútbol, trompo y canicas siempre encontrábamos partida para jugar.
Pero fue la bicicleta, cuando adolescentes lo que nos gustaba practicar.
Entrábamos desde la pradera, subíamos la cuesta, y de ahí hasta el alto.
De regreso pasamos por el viejo puente, y entramos a misiar. 

A pesar que el me ganaba en el plano, siempre le remontaba en la subía.
Al equipo de tejo de Jairito, le ganabamos el medio de pola. 
Y cuando jugábamos túte nos daba las doce y al ajedrez casi siempre quedamos en tablas.

El Sentimiento

El transcurso de la vida, tiene muchas variantes, así como los árboles, entrelazamos ramas de experiencias, que al final de la temporada, vienen y van en un bosque de la existencia. La ambición de florecer, cuyos frutos delegan la vida de nuevas generaciones y la remembranza en la trascendencia del haber sido. Y al momento de partir, en los anaqueles de los recuerdos, las vetas que crecen año tras año, almacenan en nuestros cuerpos las marcas que nos recuerdan los años transcurridos, los crudos inviernos, los porteros veranos, y los caminos transitados. 




 
 
 

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